
Aunque la lluvia es muchas veces relacionada con la tristeza, los días lluviosos siempre han sido para mí los más agradables. No encuentro mejor sensación que quedarme parado bajo el alero de alguna casa viendo como las miles de gotas van estrellándose en medio de la calle. Y después de pasada la lluvia no hay nada más tranquilo que caminar bajo un aire limpio y rodeado de ese olor a tierra húmeda. Hoy luego de meses de sequía la lluvia ha vuelto a mi cuidad, me sorprendió un poco ya que generalmente recién comienza a llover entre septiembre y agosto. Recuerdo cuando llegué a Cochabamba, hace unos 17 años más o menos (¡uh, qué viejo estoy!), la ciudad era un poco más silvestre, todavía quedaba muchos de los ríos y lagunas de la época colonial, uno podía encontrar fácilmente en su jardín ranas, caracoles, libélulas y hasta pequeñas culebras. Las lluvias entonces eran perfectas, no como ahora que si no es un chaparrón miserable que ni te moja la nuca, es una tormenta que termina inundando las calles. En esos días llovía lo suficiente para que las ranas hicieran sus criaderos de renacuajos o para que los escarabajos salieran de la tierra a sobrevolar la hierba.
Hoy en día, la ciudad ya está completamente urbanizada, los únicos animales salvajes que se pueden encontrar son las ratas que salen en las noches a husmear por los basureros. Aún así la lluvia no ha dejado de ser hermosa. De alguna forma la lluvia logra mostrar la verdadera cara de una urbe, los tonos chillones e intensos son remplazados por colores grises y tranquilos, las calles son despojadas de la gente y se descubren tal y cual son. Parecería que todo fuera renovado que cambiara. Creo que esa es la verdadera esencia de la lluvia la transformación. Una muestra de ello es el uso que se le ha dado en el cine. Están por ejemplo las películas de Almodóvar en las que la lluvia es un catalizador para que los personajes pasen de un estado a otro, como cuando el hijo de Manuela en “Todo sobre mi madre” es atropellado o cuando Alicia en “Hable con ella” queda en coma. En “The Shawshank Redemption” la lluvia sirve de purificador cuando Andy Dufresne escapa de la prisión por una cloaca mugrienta hacía la libertad. Otro ejemplo es “Rashômon” en donde la lluvia personifica la crueldad del mundo que rodea a los personajes mientras discuten el asesinato de un hombre. Y por último tenemos a “Magnolia” en que al final hay una lluvia de ranas como sinónimo del castigo y redención de los personajes y la inverosimilitud de sus hechos.
Todo demuestra que la lluvia es uno de los fenómenos más extraños que hay. Siempre he creído que un año lluvioso será un año de muchos cambios. Y al final todo cambio siempre es bueno. Para terminar os dejo la escena de una peli que denota mi adoración por la lluvia.